Bebé a bordo y mamá al borde

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Cuando nos enteramos de Lulú, ya tenía ella 4 meses en mi vientre. Con muy poco tiempo para preparar las cosas de ella como los controles prenatales, el nacimiento, la cuna, la ropa y mil preocupaciones.

La angustia de ¿qué va a ser ahora mi vida? duró 10 segundos, el resto fue ¿cómo recibir su vida? Ya yo no importaba, ahora muy dignamente debía defender a mi bebé de cualquiera que lo creyera un error – de mi primeramente-.  Le conté a mucha gente, los más adultos entendieron y escucharon, los más jóvenes en su inexperiencia lo condenaron. Irónico, pues solía ser al revés.

Entre llanto me pedía no llorar, mi bebé será una niña feliz no me debía sentir triste, hice cosas que me gustan como bailar, dibujar, colorear, comer, sin olvidarme de las preocupaciones. Pero no creas, también me alejé de cosas que me gustaban, de ideas nuevas, no quería que me vieran, es como que me había muerto, no creí que tenía oportunidad de surgir, yo estaba al borde, pero muy pasivamente.

Me apoyaron mucho mi bebé, mi esposo, mis padres, toda mi nueva familia, la doctora que descubrió a Lulú y esa parte de mí que es muy positiva. Duele más tus propias críticas que las de otros.

¿Qué iba a ser fácil? si Lulú…

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