Los Zarcillos de Lulú

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Hace unos días vi a una vecina con su nieta, ella llevaba puesto unas argollas plateadas y se veía preciosa, ahí fue donde me dieron verdaderas ganas de comprarle unos zarcillos a Lulú. Fui a la joyería con mi hermana y compramos unos muy bonitos.

Un día, fui a casa de mi madre dispuesta a perforar sus orejitas, nos sentamos, le marcamos y mi ama le enfrió el lobulillo a la bebé, y ya en el momento crucial, cuando comenzó a punzar, la nena lloró con una pasión que nos conmovió y dejamos nuestras ganas bien lejos de ella. ¡Ay! Como sufre una madre a la hora de hacer lo que se debe hacer.

Puesto que se debía hacer y ya teníamos los zarcillos, volvimos al principio, es decir a las ganas de ponerle los aretes a Lulú, pero esta vez con ayuda de mi hermana…

Iba yo a la casa de mi madre- el lugar de tortura- evitando pensar en lo que pronto sucedería, yo muy feliz y Lulú dormida, y entonces mi hermana la enfrió, la marco y la perforo, rapidito, un llantito y lista una orejita, ¡¡UNA OREJA!! Ahora falta la otra. Para ésta ya estaba despierta, tuvimos que tomarle la cabecita y a mí las manos, yo sin mirarla, pero sí que la escuche, casi me pongo a llorar con ella. Y ya, estaba lista con sus zarcillitos, lloraba brava, molesta por lo que le hicieron y yo abrazándola y dándole de comer. Y pues, ya se le paso el dolor, las frutitas le quedaron hermosas.

Y me decían que no le iba a doler, Si Lulú…

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