Rasgos humanos de Jesús

Lo primero que se veía al aproximarse a El era su cuerpo como el nuestro que se desarrollaba y crecía poco a poco. Poco importa saber cómo era Jesús físicamente: el color de sus ojos, de sus cabellos… Es probable que tuviera las manos callosas y su cuerpo como los artesanos.

En Nazaret era un hombre como los demás, “el hijo del carpintero”, allá abajo vive, al comienzo de las callejuelas, la primera casa de la derecha… lo conocían. al igual que su familia.

Su carácter, su manera de ser:  sobre su carácter y su manera de ser sabemos algo más. Era bueno y lo querían. Tenía amigos. Las mujeres y los niños se acercaban a El. Era sensible, tan sensible que sentía como propio el sufrimiento ajeno; por eso curaba a los enfermos. Incluso llegó a resucitar a una niña, a un joven y a su amigo Lázaro. Tenía horror a la hipocresía, a la mentira, a la cobardía y a la complicidad con los opresores y los asesinos del Pueblo, de los profetas. Era un apasionando por la verdad y por la justicia; (cfr. Mateo 23, 1-36) esto le hizo una vez enojarse con los vendedores del templo.

Amaba la vida: si tembló ante la posibilidad de la muerte fue porque amaba la vida. Vibraba con la naturaleza, el mundo, la creación; gozaba con las plantas que crecían, con el grano que moría, con los pájaros del cielo; con las expresiones culturales del pueblo: la música, el poema, etc. Supo apreciar el gesto, el perfume de María de Betania. Se sentía feliz en su interior, por tener amigos, participaba con alegría en la comida de bodas de un matrimonio; se quedaba con simplicidad donde le ofrecían cama y mesa.

Cautivaba al hablar: no sabemos si Jesús era orador. Lo que sabemos es que su palabra sosegaba, reconfortaba, reconciliaba, perdonaba y hasta confundía, poniendo en su lugar al orgulloso, al que creía saberlo todo. Su Palabra era fuente de vida y crítica, aún a los más poderosos. También su palabra es para el esclavo, el preso y el que sufre. Los enfermos se curaban, los muertos resucitaban.

Conoció las alegrías y los golpes de la vida: como nosotros, El conoció también la alegría, la amistad, pero también la soledad, el hambre, la sed, el cansancio, el desaliento y el dolor de cualquier oprimido de hoy en América Latina, en las fabelas del Brasil o en los tugurios de Bogotá. En el Huerto de los Olivos sintió la angustia ante la muerte. Estando preso, permaneció sereno mientras se burlaron de El. Su asesinato fue atroz, terrible, todos lo abandonaron, menos su madre, el apóstol Juan y otras mujeres. Pudo aguantar los golpes y las heridas del látigo, de la tortura, a pie firme, apretando fuerte los dientes. Pero en la cruz, antes de morir, lanzó un gran grito llamado al “Padre”. Es la voz de los que ya no tienen voz. De los que están en las alcantarillas, de los que duermen en los andenes con cartones y de los que hoy ya no tienen ánimo de gritar: justicia, porque derrochan el dinero en discotecas, clubes y hoteles de 5 estrellas.

Ese es Jesús, solidario con los pobres porque El mismo vivió como tal y nos entrega su liberación.

Alejandro Londoño S.J. Curso de Animadores Juveniles, Tomo 1. Paulinas. 

Los quiero

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s